TUMBA DE MUJER MUSULMANA
(Mérida, julio de MMIII)
Yo no sé decirte qué escenario es éste,
qué tierra roja como la roja semilla del fuego
te acrecienta y te protege depositada en tu fosa,
sujeta y fiel figura de hueso, jamás cadáver
sino ausencia, desencuentro, olvido.
Ahora eres viento, sustancia entre el agua
y la arena, sangre disuelta en grano, piedra
corrompida por el tiempo y los azares.
¿Habrán adivinado en ti las eruditas manos
pliegos del amor tan duro que te hizo?
Bajo tus dientes de porcelana ¿habrán averiguado
cuántos labios se encerraron con ellos por un beso?
¿O acaso en tu quietud giras perpetua buscando
enloquecidamente el amoroso bulto, aquel
montón de luz despavorida, carne de tu carne,
que yace a pocos metros de ti, con la cabeza
vuelta hacia La Meca y su menudo cuerpo
desenterrado apenas por el sol de otro tiempo?
Yo no sé decirte qué momento es éste.
La rutinaria sucesión de los siglos nos ha dejado
a solas, convocados por la muerte o la vida,
perdidos en su aduana, capaces del olvido
y la resurrección, capaces aún de otro amor
y otra muerte verdadera.
La mandíbula ríe, mancillada por la claridad,
y tu voz se me resiste como el eco de un silencio.
Acerco mi rostro para oírte mejor, aunque
no tengas boca, ni aire, ni palabras.
MONEDA PORTUGUESA
Sostengo en mi palma una moneda.
Me la entregaste una tarde lluviosa de abril,
frente al Museo Romano;
te desprendiste de ella como de un zapato viejo:
súbitamente pasó de tu bolsillo a mis manos.
En ellas sigue, moneda vieja portuguesa,
como divisa de nuestra amistad,
como óbolo oscuro donde se cifra, ahora,
un latido.
Vendrán los años, dejará -si es que algo vale-
de representar algún poder, el brillo antiguo
para el que fue acuñada, y el recuerdo
borrará en ella también nuestras fechas.
¿Adónde, finalmente, llegará?
¿En qué rincones, teñidos por el silencio
o la lluvia, quedará varada?
¿De qué bulliciosa mañana, alguna mano
experta, amorosamente sabrá rescatarla?
A su futuro dueño,
bien le valiera esta advertencia:
Déjala estar, así: pálida y hermosa,
mas sin utilidad posible.
Hay ríos de sumergida luz bajo su manto y cuerpos
que nunca alcanzaron el mar.
EQUILIBRIOS
Después de todo, es sólo una vaca en medio del camino,
una mole de carne y pellejo, un amuleto
que veneran los parias y respetan las leyes del país.
Con su sagrado olor y sus estómagos tristes,
el lento animal nos mira indiferente.
Sabe
que si disparas o lo atropellas,
si quebrantas la ley que vela su existir,
millones de brazos hasta hoy dormidos
comenzarán a trabajar la tierra,
canalizarán el agua, construirán la escuela,
sembrarán el arroz definitivo
que los acercará a nosotros para siempre
y el mundo perderá su inestable equilibrio.
CRÓNICA DEL ALBA
(Bagdad, 2004)
¿Quién dirá ahora que se ha enamorado?
¿Quién nacerá con pleno convencimiento?
La tierra es ya un solo cuerpo, ardiente y mudo,
un costado de niebla que el odio ha empapado.
¿Quien lavará la sombra seca del muro?
¿Quién plantará el olvido necesario?
La tierra, que no distingue el cráneo de la rosa.
Sólo la tierra, que avanza ajena y sin memoria.
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